Aquí empezó todo, ¡un rato de intimidad!
La casa de la izquierda tiene uno de sus marcos de ventana de color blanco, como todos los marcos de la casa de la derecha; esto es porque, en realidad, esa ventana de la casa de la izquierda pertenece al edificio de la derecha.
La foto más típica de Tübingen, desde el Neckarbrücke (el puente sobre el río Neckar) con las casas de colores y la gente sobre el murito.
La bici es el medio oficial de transporte, tanto de personas como, a veces, de mercancías, como en este caso.
La cerveza alemana, ¡madre qué buena que está!
Primer día y primera salida con los españoles, al Schloss café, situado cerca del castillo de Tübingen
El primer día de clase, ¡que se note de dónde venimos!
Ibai es vasco vasco, ve una piedra y no puede resistirse.
¿Qué hace la bicicleta de Hanah en Tübingen?
Curioso remolque para bebés adosado a una bicicleta. Como se ve, las bicis se usan para todo.
Una estrecha calle del centro de Tübingen que conduce al ayuntamiento.
Instrucciones sobre cómo usar el water en mi casa, bastante explicativos.
En el bar Tangente se organizaban karaokes los lunes, y yo me pregunto: ¿Cómo han hecho para cortar la moto por la mitad y pegarla en la pared?
Me hizo falta un paraguas y, visto los colores de mis compañeras, no puede resistirme: ¡me compré el amarillo!
Dinámica de grupo en el SIT (Sprachen Institut Tübingen) con Bettina Wissing del IJAB al frente.
Esto me lo encontré en el super, es un nombre bastante común en Alemania.
Hasta en la ducha tenía un reloj. El control del tiempo en Alemania es exahustivo, no se puede llegar tarde.
Lourdes Benites Días en clase, aprendiendo a decir la hora.
Faltaba el segundero y Glen nos dejó sus trenzas.
Entrada a una cafetería, los paraguas se dejan en la puerta... ¡y nadie te lo roba!
Esculturas de estas había varias repartidas por Tübingen
En un descansillo de las clases, haciendo el tonto, ¡qué raro!
Otra dinámica de grupo, sobre gestos que nos caracterizaban. Aquí Glen tratando de recordar alguno con el 4 bollos de Jan en la cabeza.
Esto me llamó mucho la atención: un árbol usado como colgadero de esquíes, ¡y en medio de la calle!
Nashet (no sé cómo se escribe) y Firdes bailando algo en Mancuso, un pub de Tübingen.
En Mancuso se organizan conciertos a veces, nosotros fuimos a uno y el guitarrista era el hermano gemelo de Jan.
Norma Duval bajando por la escalinata del pub Mancuso.
¿Qué apostamos? ¡Todos encima de un sofá!
Olga, con aires de pintora, usando algo como gorro en clase.
Los pomos de las puertas, de diferente color. Por supuesto, el estilo Nanuara me encantó.
Yo y mi bici, más contento que la mar. Ahora tocaba integrarse en la cultura alemana y esforzarse en subir la tremenda cuesta que me separaba de mi casa.
Unas cervecitas para celebrar la adquisición de la bici. En Tübingen está aún permitido beber en la calle.
Foto nocturna de las casas junto al Neckar. Tübingen me encanta.
La mejor clase de alemán, todos reunidos tras bailar el "Ich bin auslander und spreche nicht gut Deutsch".
Los de la clase a la salida del SIT, seguramente para ir a comer al restaurante italiano.
No podía faltar el partidito de fútbol ritual, organizado por nuestro querido Flo (al final me aprendí su nombre).
Esta caja nos las encontramos tirada en la calle, nos dio añoranza. ¡Qué sueñecito!
La mejor cerveza de todas, Neckarmüller (el molino del Neckar). Hecha en Tübingen y con un sabor exquisito.
Un sábado nos fuimos al campo a hacer actividades, a algo así como Schwäbische Alb (o como se escriba). ¡Qué ganas de campito!
Tuvimos que cortar leña para poder hacer fuego. ¡En Alemania se puede!
Nos hicieron una dinámica de grupo en la que había que conseguir levantarse agarrados a los brazos de los demás.
Tuvimos que recorrer un circuito de "low ropes" (cuerdas bajas). Había pruebas de diversa dificultad, en la que el trabajo en equipo era primordial, sobre todo porque uno de nosotros iba con los ojos tapados. Nunca olvidaré que en uno de los pasos se rompió un mosquetón y caimos todos al suelo. ¡Menos mal que eran "low ropes"!
Cocinando salchichas al más puro estilo americano, con palito y fueguecito.
¡Ay que me ha salido un flemón!
Otra de las pruebas era caminar con los ojos tapados confiando en tu compañero. Aquí Pina casi se come el letrero.
Foto de grupo después de un día genial en el campo.
Un día soleado en Alemania es una delicia para hacer fotos. Aquí, un paisaje tipo Windows.
Diana tumbada sobre el verde césped, con un cielo limpio limpio.
Esta foto la usamos de postal para nuestros amigos. Se estaba bien allí.
El de abajo es vasco, así que no se quejaba :P
Diana y Hanah alejándose por el camino.
Raperillos.
Organizamos un viaje a Munich, y las largas horas de tren las pasamos jugando el Uno (el breikindans)
Pina rastafari.
Galina iba muy apropiada para un día de turismo.
Uno, el breikindans; dos, el cruzaíto; tres, el maikel jackson; cuatro, el robocó
En la torre del ayuntamiento de Munich, a las 11 de la mañana, unos muñecos bailan, dando vueltas, mientras suena una musiquita. Está curioso.
El nuevo ayuntamiento reflejado en Glen.
Todos ante la torre del ayuntamiento de Munich.
Desde la torre de la iglesia de San Pedro (306 escalones) se veían unas impresionantes vistas de toda la ciudad, como esta del ayuntamiento y de la catedral.
Delante de la catedral hay este lugar para descansar (o posar tipo portada de CD)
Visitamos la Hofbrauhaus, el bar típico bávaro por excelencia, desde 1589. Allí te sientas en cualquier mesa, al lado de cualquiera, como el señor de la foto que nos contó muchas cosas sobre el lugar.
Cara de felicidad con dos cervezas en la mano. Era la Müllerweiser.
Nos pedimos comida típica, como las salchicas hervidas, carne de cerdo, mostaza dulce, y por supuesto los Pretzel (o Bretzel), un bollito salado riquísimo.
En el bar la gente va vestida de tirolés, y cantan o, como esta señora, tocan las cucharas al ritmo de la música.
"Ein, zwei, suffer" (uno, dos, ¡a beber!"). Esto es lo que cantaba la banda tirolesa que animaba el bar. Es un grito muy típico, que se canta en la Oktoberfest, famosa en Munich.
Esto es de lo más curioso: unas taquillas para que los clientes habituales guarden su jarra de cerveza. De todos es sabido que el sabor de cualquier líquido depende en mucho de su continente, y no vale cualquiera.
El jardín inglés, un enorme parque de Munich abarrotado de gente en un día soleado como el que nos pilló... ¡y con gente en pelotas allí tomando el sol!
También había un grupo de música que animaba mucho.
Viaje de vuelta, cansados, e Iván que no se enteraba ni de que le estábamos pegando pegatinas.
Al pobre de Emrah sí que le salió un flemón de verdad.
En Tübingen también hay canales, que pasan junto a las casas del centro.
Para acceder a esta casa tan pequeña, hay que cruzar una pasarela de madera.
"La libertad coartada con la seguridad" o algo así se puede leer en esta pintada reivindicativa en la Epple Haus en Tübingen.
Niko Li practicando teakwondo, ¡daba miedo!
Uno de los días que fuimos al gimnasio con Sami, !se nos quedó la furgoneta atrancada! de todo lo que llovió.
En la plaza del mercadode Tübingen, cómo no, no podía faltar los puestos de flores, comida de todo tipo, bebidas... que se ponían todas las mañanas.
Lourdes y yo frente al edificio del ayuntamiento el día del mercado.
Emrah, Diana, Hanah, Sibel y yo en la puerta del SIT
La visita a Stuttgart, donde en su plaza principal hay unos jardines extensísimos.
¡Qué nos gusta revolcarnos por el césped!
Después de 3 años, me encontré con mi amiga Lisa (de Gilwell Park) que vive en Stuttgart, y enseguida nos pusimos a hacer el mono.
Aquí de frente al edificio de la ópera.
Una de las iglesias protestantes de Stuttgart.
Lourdes con un helado de su Málaga natal.
Tomándonos un heladito en Stuttgart, menos mal que ayudamos a que a Diana no se le derritiera el suyo.
Los turcos frente a sus aerolíneas.
Por la noche comimos muy bien en un restaurante de Stuttgart, comida típica alemana.
George y yo, cuerpos gemelos.
En clase nos hicieron hacer murales sobre lo que habíamos visto enel mercado, este es sobre lo que escuchamos.
Cambio de ropa enfrente de nuestro supermercado favorito.
Iván anhelando su discoteca favorita, Top Ten.
Sibel descansado después de la visita a Kidojo.
Colimpio para dos.
Ibai sobre el monociclo antes de que le llamaran la atención.
Con cara de duro.
Antes de entrar a la fiesta latina en el centro de Tübingen.
¡Pina también encontró un cartel para ella!
El ligue de la noche, la perseguidora de Glen.
Por fin Hanah encontró una bicicleta para ir y venir al SIT.
Visitamos el fabuloso museo de la Mercedes-Benz, en Stuttgart, un edificio vanguardista a las afueras de la ciudad.
La entrada es por... ¡allí!
A la entrada del museo un monumento de un coche antiguo era un lugar ideal para una foto de grupo
El primer vehículo motorizado que se inventó, parace más un carro de caballos que un coche,
Este es el coche de Mercedes (no réplica) más antiguo que se conserva.
Una carroza, todo un lujo pasear con ella.
Un autobús que Mercedes-Benz fabricó para que fuera usado en Argentina.
Los autobuses clásidos de dos plantas de Londres también son Mercedes.
En el museo también había Fórmulas-1 aunque a Alonso no le dieron muy buen resultado.
La ratita rompiendo un bloque de legos. Bonitos colores.
El campo del Stuttgart, campeón de la Bundesliga en 2007.
Ese día en Stuttgart aún se celebrar la Frühlingsfest, una feria llena de cacharritos espectaulares como este tío vivo aéreo.
En esta atracción Lourdes empezó a gritar antes incluso de que empezase.
"Calamares", qué palabra tan española para una fiesta alemana.
Probamos estas brochetas de frutas recubiertas de chocolate, por supuesto, la mejor la recubierta de chocolate blanco.
En la Frülingsfet la cerveza hay que tomársela en jarras de a litro dentro de unas carpas donde la gente baila encima de las mesas, pero al estar tan aborratadas no nos dejaron entrar. Aún así, bebimos cerveza y tomamos unas salchichas especiales de un metro de longitud.
Camino a Costanza paramos un un sitio bastante bonito, pero ni idea de cuál es.
Mirada cómplice.
Esta barrera separa la ciudad de Costanza de Suiza, así que por 5 minutos también estuvimos en el país alpino.
Símbolo de la República alemana.
El río Rhin, que cruza la ciudad, foto de grupo.
"Que viene mamá pato, pachín..."
La catedral de Costanza, de un gris claro muy limpio, con su torre.
Comida en el embarcadero dando de comer a los cisnes y las fochas.
Ibai no sabía que estaba la bandera de España por detrás, olé olé.
Nave principal de la catedral, que además tiene un claustro en forma de L.
Vista de una de las torres de la catedral de Costanza desde un mirador de la torre principal. Se ve el inmenso lago que forma el Rhin.
Desde lo alto de la torre de la catedral.
Cruzando el lago Costanza en ferry con Iván.
Fuimos a Affenberge (la montaña de los monos), donde podías dar un paseo por unos caminos, y se acercaban unos monos a que les dieras palomitas de maíz. Muy divertido.
Este es el mono más grandullón que encontramos.
Viaje en tren a Heidelberg.
Este gato o lo que sea está al lado del puente sobre el Neckar, y dicen que da buena suerte tocar el plato que porta.
Este el puenteque cruza el río Neckar.
Desde la otra orilla de la ciudad comimos jamón; a Olga le encantó.
Todos posando con el río Neckar, el puente y el impresionante castillo al fondo.
Desde lo alto de la torre de la catedral de Heidelberg, las vistas de su castillo son espectaculares.
Nanu-Híspalis en Heidelberg.
Ya estamos en el castillo, donde las vistas también eran muy interesantes.
Dentro del castillo visitamos el Museo de la Farmacia, lleno de tarros y botes medicinales.
Con tante bicicleta al lado de la estación de trenes, este pobre hombre de negro no podía encontrar la suya.
Equipo Deutschland.
San Jorge delante de la iglesia de Tübingen.
Salimos al pub Alt Tübingen, donde hicimos un quiz musical y quedamos en un meritorio 7º pesto (de participantes). Aquí, muy bien rodeado por Hannah, Cristine y las dos italianas de Bolzano.
¿Dónde habéis metido la lengua?
Iván nunca se entera de que la gente le pega cosas en la ropa.
Día soleado en Tübinge, perfecto para hacer fotos. Tejados puntiagudos.
Señal indicadora de pub (aquí no sale el Gambrinus en el típico cartel de "Bar Pepe")
Esta es una de mis casas favoritas de Tübinge, totalemente irregular.
La plaza del mercado, sin el mercado.
Mein klein kuche.
Un túnel que atraviesa una montaña por debajo del castillo de Tübinge, sólo para bicicletas y peatones.
Desde la isleta central del río Neckar, se ven casas como esta, totalmente irregular.
Un día soleado permite hacer fotos de reflejos espectaculares,
Unas chicas descansan a la orilla del Neckar mientras la torre de la iglesia (Stiftskirche) se refleja en el agua.
Una Stocherkahn (tradicional barco de madera de Tübingen, pilotado por una persona que va de pie y apoya un palo en el fondo del río) paseando delante de las casas y la iglesia.
El badminton fue uno de los deportes que más practicamos en Alemania.
También hicimos nuestros pinitos en squash (¡madre lo que cansa!)
En clase con nuestra profe, Annette (ojo al nombre).
El día que hicimos los talleres de malabares para los niños. Los colores no fueron al azar.
¡Fünfundfünfzig!
Mi barrio, al más puro estilo Wisteria Lane, zona residencial donde apenas hay coches, la gente hace footing, los niños juegan en las calles...
Visitamos este hermoso castillo de cuento, el Schloss Lichtenstein.
El castillo está en lo alto de un acantilado. Lourdes y Hanah.
El castillo se hizo después de que un rey leyera una descripción de uno en un cuento. Aquí, con Flo.
Después fuimos a una cueva que está llena de agua, y se puede entrar en barca, Es la wimsener Höhle.
Había que hacer cola y nos pusimos a hacer jugar con mi cámara.
Había que agachar la cabeza pues el paso era muy estrecho.
La verdad es que nos partíamos de risa allí dentro.
Padre e hijo, o al menos eso es lo que se creyó el camarero.
¿Quién dijo que el alemán no es difícil?
La catedral de Ulm, con la torre más alta de todo el mundo eclesiástico: 161,53 metros.
Por dentro, la cetadral era impresionante.
Mientras subíamos, pudimos ver los detalles constructivos de la torre, los cuales no sé explicar.
Una gárgola desafiando la gravedad.
Ya estamos a punto de llegar a lo alto de la torre.
Un descansito en los 768 escalones que hay para subir. Tardamos como media hora.
Justo antes de subir a lo alto de la torre de Ulm.
Nueva torre conquistada, con el Danubio al fondo.
La altura era espectacular. los edificios y coches parecían minúsculos.
Después de bajar, en la plaza de la catedral nos merecimos una buena merienda a base de panecillos cogidos del restaruante italiano donde comíamos (¡qué buenos estaban!) y nutella.
El ayuntamiento de Ulm, con una fachada pintada.
En el barrio de pescadores de Ulm también hay canales de agua en medio de las casas.
¿Quién tirará a quién?
La universidad de Friburgo, la 2ª más antigua de toda Alemania.
Estos canalillos de Friburgo eran utilizados antiguamente para arrojar los desperdicios y que se los llevara la corriente (hoy no por suerte)
Catedral de Friburgo, esta era católica, construida por el pueblo.
Mercadillo de estilo medieval a los pies de la catedral.
Puestecillos de flores en la plaza de la catedral de Friburgo.
Se vendían hasta canicas.
Este es el lago Titisee, uno de los puntos de partida para recorrer la Selva Negra alemana.
Foto de grupo en la orilla del lago.
Cogimos unas barcas de pedales, aunque algunas (no digo quiénes) pronto se cansaron de pedalear.
Echamos unas carreritas contras los ocupantes de los barcos vecinos.
Sibel, las italianas y el gracioso japonés Sakito.
Me encantó el paseíto en barca por el lago.
El agua estaba gélida.
Hubo arrojo para meterse en el lago (pero no para arrojarnos)
Excursión organizada por mis papis alemanes, nos fuimos en furgoneta.
Mirador desde se veía el Danubio.
Preparados con las canoas para hacer el descenso del Danubio.
Moni y Jan Lukas en su canoa.
La parejita formada por Iván y Diana.
Yo iba con Sibel, y, en fin, a veces no acabamos muy bien.
Choque de piraguas.
Pasamos un día genial.
Hubo un par de saltos de agua, en el primero sacamos las canoas fuera y lo cruzamos a pie, pero en el segundo... ¡lo bajamos en canoa!
La familia Krammer en canoa por el Danubio.
Lourdes y Hanah se pasaron la salida y hubo que ir en su rescate.
Un bañito en el Danubio no está nada mal.
La chaquetilla de Hanah me hizo saltar la vena torera.
Hicimos una barbacoa con las clásicas salchichas.
Hanah y las pinturas de guerra.
Con Iván en un árbol sobre el Danubio.
Aquí, nada de bromas ¿eh?
El puente del Diablo (Teufelbrücke), cerca de nuestro recorrido.
Por ahí abajo íbamos en canoas.
Unas de las rocas del camino por el que nos metimos.
Como Iván se cayó al río, tuvo que hacer el camino en chanclas.
Una impresionante roca donde un conde grabó una inscripción para su mujer.
Una cerveza en Sigmaringen, Zoller Hof, la mejor cerveza que hemos probado en Alemania.
Sigmaringen tiene un castillo impresionante.
Aquí con nuestra colega la armadura.
Otra dinámica de grupo: pasar la frontera sin tocar la cuerda.
Las matrículas de Tübingen dan mucho juego.
Como buen ciudadano, me gusta reciclar, pero es que encima en Alemania, ¡te dan dinero por ello!
Día del paseo en barca, las tradicionales Stocherkahn. El piloto clava el palo en el fondo y nos dirige.
Hay que sentarse de dos en dos, uno enfrente del otro, con unos respaldos que son unas tablas.
También tomamos cervecitas en las barcas.
La dulce Galina en la Sticherkahn.
Un paseo muy agradable por el río Neckar.
Los de la otra barca, Diana, Pina y Suzanne.
Sibel vista desde nuestra barca a través de la tabla-respaldo.
Jan el super scout dirigiendo la barca.
Yo también hice mis pinitos, con desigual suerte.
Podéis imaginar cómo acabó esto.
¡Y surgió el amor!
Nuestra cesta de la compra para las comidas tradicionales de cada país. ¡Nos trajimos hasta el carro!
Andrew nos hizo pollo y arroz típico de Gran Bretaña-
Las kazajas prepararon algo también.
Jan nos hizo una deliciosa Gulash.
Las rusas nos hicieron una sopa y por supuesto, ensaladilla (rusa).
Aquí el stand español, con tortilla de patatas, jamón, tapas...
Fue una noche fantástica, ¡no podía parar de omer! Invitamos a los profesores y a los padres que nos acogieron en las casas.
No podían faltar las bebidas, ¡nosotros hicimos sangría!
El día de las presentaciones de los países, a los rusos les hicimos bailar el baile ese típico.
El papi chulo tejano, George, quien dijo que en Texas todo es muy grande a pesar de que las fotos de su mural eran muy pequeñas.
La presentación de los turcos, Emrah y Sibel.
Victoria la ucraniana, con un mural muy floral.
La bota italiana de Pina.
En medio de la calle se podía provocar un remolino con este aparato.
La ciudad de la sonrida, sobre todo por esa segunda letra de su nombre.
La vaca Rusita en la torre de la iglesia de Tübinge, con el ayuntamiento al fondo.
El último día cumplimos la promesa de dar de comer a los cisnes.
Puede confirmas que los cisnes muerden.
Esta es la confluencia de dos de los ríos que tiene Tübingen.
Las puertas de la Universidad de Tübingen, la tercera má antigua de Alemania.
Último día, la despedida en la puerta del SIT.