La primera góndola que vimos. A los pocos días, ya estábamos hartos de verlas.
Plaza San Marcos, de noche e inundada.
Hecha desde un vaporeto.
Una obra de arte en la que nos reflejamos mis hijos y yo. ¡Eh! Que realmente, no somos así.
En la Bienal.
Daniel fotografiando una obra.
Mis dos mejores obras, en el interior de otra obra de arte.
La Mano de Buda.
Bajo las estrellas.
Obra con truco
Luis, admirando una pieza.
Compartiendo peinado.
Daniel, Pablo y Luis, posando con la Plaza de San Marcos al fondo.
Unos turistas nos hicieron esta foto. Detrás de nosotros, el Puente Rialto.
Plaza de San Marcos, de noche.
Pablo, posando para su hermano. Momento que aproveché yo.
Luis, disfrutando del ambiente de la Plaza de San Marcos, de noche.
Puente Rialto, siempre lleno de gente.
Un de los muchos edificios situados en el Gran Canal y fotografiado desde el vaporeto.
De nuevo, Luis admirando cerámicas de Barceló en el pabellón de España.
Entre tantas rayas, Daniel descansa un rato.
Entre los hilos que forman esta obra de arte.
Yo también, entre los mismos hilos.
Obra realizada con los aros con los que jugábamos de pequeñas, moviéndolos alrededor de la cintura.
No, no os asusteis. Es una impactante instalación artística.
Otro pequeño descanso de Daniel, en un sillón que también formaba parte de una instalación.
Luis y Pablo admirando una pieza rusa que les impactó especialmente.
Simplemente, Venecia.
Luis, el canal y la góndola.
Al final del barrio judío, el mar.
Luis, en el interior de otra obra de arte.
Sorprendente instalación. Los palitos están apoyados sobre teclas de piano y al posarse los pájaros sobre ellos, sonaba una melodía. Una gozada.
En cada rincón de Venecia, se obtiene una bonita foto.
Daniel, asomándose al Gran Canal.
Me encanta esta foto. Por el contraste del color, sobre el gris del Puente Rialto.
Góndola y gondolero.
Otro recoleto rincón veneciano.
Gran Canal y la torre de la Plaza de San Marcos.
Turistas........y yo.
Atasco de góndolas y barcos en un estrecho canal.
Vaporeto, navegando por el Gran Canal.
Yo, en los jardines de la Fundación Guggenheim
Daniel y Pablo. Sí, Pablo está detrás de la columna, también en los jardines de la Fundación.
Una bonita sonrisa que refleja su estado de ánimo.
Máscaras que llenaban los escaparates de un montón de tiendas.
Mi habitación del hotel donde descansábamos de nuestras laaaargas caminatas.
El avión, que nos llevaría de regreso a España.
Nunca adivinarias qué es esto, así es que te lo diré yo. Nada menos, que una calle de Venecia. Sí, créetelo.
Otra calle y Daniel, tocando el techo. Como para pasar sola por ahí de noche.
Falta Pablo, que nos está haciendo la foto.
Dirigiéndome a mi barco para dar un paseo.
Otra instalación artística de la Bienal.
Armario con panes de molde. Otra obra artística.
Yo, en el interior de otra obra llena de color.
Un dirigible sobre Daniel. Me gusta la foto, que por cierto, la hizo Pablo.
Creo que esta escultura está hecha con llantas de bicicleta.
Foto hecha por Pablo, que es un artista que sabe captar bonitas composiciones.
Una pared, llena de botiquines abarrotados de objetos. Te podías pasar horas, viendo todo lo que había en su interior.
En el exterior, sentada cerca de una escultura que era un árbol, formado por tablas de madera.
Daniel, entre aros que era otra instalación.
Pablo, con un peinado afro.
Daniel, mostrándonos otra de las claustrofóbicas calles venecianas.
Típicos tendedores que van de un edificio a otro.
Pablo y yo, en un pequeño puente, sobre un pequeño canal.
Vista de Venecia desde la torre de una iglesia situada en otra isla. ¡Hey! Fijaros en el tamaño del barco que hay al fondo.
Foto hecha desde la misma torre.
Puente de Rialto. Como he dicho, siempre lleno de gente.
Orquesta tocando en el exterior de una cafetería de la Plaza de San Marcos.
Otra obra y Luis, disfrutando de ella.
La entrada a un Pabellón de la Bienal.
Daniel, en un rincón de una cafetería, en la Bienal.
Pablo, en otro rincón de la misma cafetería.
Misma cafetería, pero en esta ocasión la modelo, soy yo.
De nuevo, Pablo.
Y Luis también, metiéndose entre los hilos de la instalación.
Reflejándome en una obra de arte. De esa manera, formo parte de ella.
Aprovechando uno de los pocos momentos en que el sillón estaba vacío.
En el pabellón de Rusia, esta figura movía y movía la mano, dibujando sobre el papel. Pablo, observa.
Daniel, entrando en una obra.
Pablo, posando en un balcón de uno de los muchos edificios en los que también había exposiciones.
La exposición que había en ese edificio.
¿Os habeis fijado en lo torcida que está esa puerta?
Preciosa foto ¿no? Es un rincón increible.
Parte de una escultura que también forma parte de la Bienal.
Menuda postal.
Las dos torres.
En la terraza de la Fundación Guggenheim.
Mis tres chicos, en la misma terraza.
Restaurante veneciano.