Parece que la gente usa las puertas de los baños como si fueran lienzos.
Saliendo del parking, ya vimos el Guggenheim con el inconfundible perrito floreado.
¿Te haces cargo del tamaño real del perrito?
Entrando en una de las esculturas.
Escuchando las explicaciones sobre las esculturas, a través de unos telefonillos.
Preciosas esculturas.
¿No son preciosas?
Tomando un respiro entre tanto arte.
En tonos azules.
Eso es todo lo que vimos de Bilbao.
A la salida del restaurante y antes de volver a la carga.
Violetero.
Reflejo del sol sobre el Guggenheim.
Detalle del edificio.
En la terraza del restaurante junto al museo.
Al sol.
Momento tranquilo.
Yo con el póleo y Luis con lo suyo.
Fotos, no.
Carteles de dos de las exposiciones que vimos.
Las escaleras que bajan al museo.
Pablo se une al descanso.
Como dijo una amiga...sonajero de colores.
La araña. Otra escultura en el exterior.
Escultura de bolas de metal.
La misma escultura, de lejos en un lago en el exterior del museo.
Junto al "sonajero"
Escultura. Cañón que de vez en cuando dispara bolas de cera roja.
Las enormes esculturas por las que puedes pasear y que forman parte de los fondos del museo.
Detalle del interior del museo.
Hora de abandonar el museo.
¡¡Hasta pronto Guggenheim!!