Rafa no entiende su suspensión ¡y me echa a mí la culpa! Cachondeíto de Diego...
Los caminos están helados
Amanece en las altas cumbres. Quién estuviera allí.
Ignacio arranca con ánimo, hay que calentarse.
El solecito siempre está mas lejos.
Hacia los canchales de La Barranca
Un grupo aterido y agarrotado.
Entre las dos montañas se ve el objetivo: las antenas de La Bola.
El sol nos huye: sube en vez de bajar.
Al fin, primer rayo para calentarse. En la zona de juegos forestales.
Arriba de La Barranca aún amanece.
Desde aquí La Bola parece estar a tiro de piedra.
En el primer mirador.
Los ciclistas van llegando.
Los peregrinos han cogido buena forma.
Entre los pinos está el que faltaba, ya estamos todos
Es lo que tiene trasnochar....
Pero el ánimo que no falte.
Alejandro, drogándose sin pudor. Eso lo sacan de los cojones de los toros...
Unas titis montañeras, que se nos va la vista...
La Bola, ahí mismo.
Un grupo al amanecer.
¡Juro que esas orejas no son mías!
Iniciando la bajada, suelta y peligrosa.
Esperando a los bajadores prudentes, eso sí, al sol.
Alejandro, buscando nidos.
Odio este ratito pestoso.
Es un momento de peligro, pero dura poco.
En este repecho acaba nuestro Calvario.
Todos traemos cara de haber sufrido.
Ale llega empujando, pero llega
Aunque parezca mentira, seguimos a la sombra.
En el corte entre las dos peñas se divisa la camiseta roja de un montañero.
Juan llega también, dignamente.
Para tomar el catering eligen la sombra.
¿Pero qué coño hago yo aquí?-medita-
Ya hemos decidido pasar de la Bola.
La subida a la ermita de San Antonio.
Esta cuesta no nos la contaron.
Algunos no pueden superar su fama.
Ahora sí que se acabaron las cuestas.
No debería haberme levantado de la cama.
Bajando ya para Navacerrada.
El mercadillo de antigüedades de Navacerrada.
El marco es incomparable, y se respira buen rollo dominguero.
El extraño atajo acaba justo en los coches. No lo reconocerá, pero ha sido chamba.