El sábado 7 de junio nos fuimos a un bello paraje de la sierra norte de Sevilla los chavales de Guadajoz a culminar el curso.
Comenzamos en el Cerro del Hierro, una paraje sin igual en el Parque natural Sierra Norte de Sevilla.
Se trata de una antigua zona minera, del tiempo de los romanos y posteriormente reutilizada por una compañía inglesa de minas de hierros.
El entorno paisajístico es toda una delicia para los sentidos.
Los dias previos habia llovido con intensidad, como muestra la charca de la foto.
La mano del hombre ha dejado formado un impresionante paisaje, donde nos adentramos en una aventura entre sus grandes rocas ahuecadas y túneles.
Un gran plano nos indica la ruta a seguir. Aún así nos perdimos jejeje.
Verdaderamente merece la pena perderse por el intrincado terreno durante algunas horas.
El terreno presenta curiosidades únicas que sólo se repiten en terrenos similares en Indonesia.
En ese singular enclave se combinan la acción del hombre y de los elementos para conformar un paisaje excepcional por su originalidad y belleza.
Todo cuanto se mire evoca belleza y majestad.
Aquí estábamos a punto de sumergirnos en el intrincado ambiente de las rocas que nos rodeaban por todas partes.
Los más altos picachos.
Perfecta combinación natural.
Sólo faltaba Pedro Picapiedra.
Ruinas de las antiguas explotaciones mineras.
Contemplad la inmensidad del paisaje.
A punto de adentrarnos en una de las cuevas, una auténtica experiencia (agustnar a los niños dentro, digo).
Toda una aventura adentrarnos por entre los pasadizos, las zarzas y el agua.
La vegetación ha ido ganando terreno con el tiempo.
Una experiencia que los chavales supieron disfrutar de lo lindo.
Una de las zonas por las que nos adentramos.
El paseo nos sentó a todos fenomenal, aunque después sentaron mejor los bocadillos.
Los chavales siempre bajo la atenta mirada de los monitores.
Las caras de muchos de los niños era todo un espectáculo.
¿A qué cara os recuerda esta formación rocosa?
Especimen de flora autóctona.
El día nos supuso auténticas pruebas.
Tranquilos que los niños llegaron todos enteros.
Una de las bajadas que tuvimos que sortear.
También hubo quien se lo pensó, no creáis.
Lentas, pero seguras.
La flor de la jara, preciosa en su simplicidad.
Esto se explica en la siguiente foto.
Cartel explicativo de la foto anterior.
Supimos revivir el espíritu de los hobbits.
Una paraíta en el camino, aunque algunos ya no estaban para sevillanas.
Contemplando el paisaje.
Los monitores explicaban durante la marcha lo que los chavales se iban encontrando.
Otra bajadita, pero esta ya con escaleras. Lo que es el progreso eh?
"¡¡¡Tengo hambre!!!!", se oye a lo lejos.
El de rojo es el "cura-escoba".
Una jornada que nos ayudó a todos a estilizar la figura de cara al verano.
Cara de satisfacción ¿eh?
Fauna no autóctona.
Edificio religioso vestigio del paso de los hijos de la Gran Bretaña.
Las casas abandonadas de los ingenieros mineros.
Y por fin llegó el merecido descanso para recuperar fuerzas, que aún quedaba día.
Un momento tierno y dulce de acordarse de quien se quedó en casa: "¡¡Mamáaaaaaaa!! que no me gusta la mortadela".
Tierna estampa campestre.
Aquí ya llegamos a la segunda etapa de nuestro viaje, el paraje del Martinete, en San Nicolás del Puerto.
Una de las cascadas del Huesna.
Paisaje paradisíaco que hizo las delicias de los chavales.
Un momento para remojarse los pies, zapatillas incluidas.
Mapa que nos sitúa en el lugar de la Sierra Norte en que nos encontramos.
Seguimos recuperando fuerzas. ¡Estos niños devoran!
Estas fotos son para verlas con una música relajante de fondo.
Momento relax. ¿Dónde están los niños?
A continuación vemos una exposición de ropa de baño bastante "sui generis" modelo "Guadajoz style".
Pero,... ¿quién dijo miedo?
No perdáis detalle del personaje del cuadrante inferior derecho. La cara lo dice todo.
No había suficiente profundidad, pero las rocas eran pa matarse.
¡¡¡Andrés!!! si te ve tu padre...
Qué propio, ¿qué estará haciendo ahí solo?
Foto-recuerdo.
Lo mejor es el detalle del pañuelo.
¿Estaba fria el agua?
El vigilante de la charca.
Operación secado.
Y ahora un poquito de ejercicio para abrir el apetito de nuevo.
Juego autóctono.
Y aquí finaliza nuestra excursión. Cansados y embarrados, nos dispusimos a volver a Guadajoz.