A 141 km al norte de Lima se encuentra una aldea litoral de hace 5,600 años de antiguedad: Bandurria. 17 Jul/2008.
Se llama Bandurria debido a que el hallazgo se produjo en la Pampa de las Bandurrias.
Las bandurrias desaparecieron, pero, en compensación, surgió el sitio arqueológico del mismo nombre.
Bandurria, forma parte de un entorno ecológico que, sin exagerar, hace honor a su nombre: El Paraíso.
El proyecto arqueológico Bandurria, desde su incio: 2005, está a cargo de Alejandro Chu.
Al ingresar, sin desmerecer a las chicas y los muchachos, no hay mejor guía y anfitrión que un veterano trabajador.
Con voz pausada y tono convincente, el veterano parece más un testigo que un guía.
Esas collotitas alieneadas con barro, quien lo diría, son -nada menos- que las primeras paredes que se construyeron en América.
Lo más impresionante: la plaza ceremonial, aunque en la perspectiva actual parezca más un ruedo taurino se trata del primer diseño arqutectonico en circulo.
La elevación, flanqueda por piedras, es la antigua vía del tren que desde 1911 a 1962 prestó servicio entre Huacho y Ancón.
Más allá del camino -que fuera vía férrea- se ve una de las lagunas del Paraíso.
Espejo de agua. Esta albufera surgió en los década del 70 del siglo xx.
Las aguas provenientes de la irrigación Santa Rosa hicieron su cause hacia el mar. A su paso pusieron en evidencia las contrucciones sepultadas por la arena.
Aunque destesto mirarme, y no menos nombrarme, no hay remedio: Cesar Reyes y Miguel Verde.
Sin comentario.
Oyvind, El Vikingo.
Las aves del Paraíso.
Cosecha de tomates en la ruta que recorre la cuenda del rio Supe-Ambar. 18 Jul/2008.
El ómnibus Huacho-Ambar.
Vendedoras de tamales y chapanas junto con Oyvind.
Luz y sombra.
Mery y su bus en Ambar (a 2000 msnm y a 70 km de Huacho).
Estelar y trágica plaza de Ambar alumbrada por el sol de la mañana. 19 Jul/2008.
El colegio y la posta médica.
Plameras y glorieta. Escenario de júbilos y horrores.
Mústios habitantes de la plaza, y al fondo, el resurrecto local municipal.
Un arco en el campo de futbol del pueblo y la vegetación que flanquea la ruta recorrida.
La ruta pendiente por recorrer, vista al atardecer.
Cruzando sembrios y plantaciones de durazno al salir de Ambar.
Cause apacible de un rio que, en ocasiones, se torna rugiente y destructor.
Liborio, el maquinista. Y Lucio, el regidor.
Blanca. Y además, risueña.
El puente de Churín en Ambar.
Blanca y Santiago, en la puerta de su venta.
Casona de Jalcán: ruina imponente de extinto esplendor.
Aquella anhelada llanura: trocha carrozable junto al rio.
Arinchay, y su escuelita reverberando con el diáfano sol de la mañana.
Amador, El Increible Hulck.
Un árbol junto al rio y al fondo Tambón, el lugar en donde transcurrió la andina y rural infancia de Teresa y Vilmita Pacheco.
La venta de Ana y Pana, en el puente de Arenalpampa.
El camión municipal de Ambar.
Vito, Teófilo y Oyvind. O más bien, al estilo ambarino: Gormay, Rata y El Vikingo. 20 Jul/2008.
El rio que desciende y el camino que sube.
Jurorcocha: la laguna en donde nace el rio Supe-Ambar. El rio que dió vida a Caral, la ciudad más antigua del continente americano.
Con Vito, parados a 5 mil metros, en la Punta de Humancalle. Al fondo, los picos del circuito glaciar Huayhuash.
Oyvind y Vito, Noruega y Uramaza, en Huamancalle (la cima en donde termina la provincia de Huaura y comienza la jurisdicción de Cajatambo).
Bajando por los legendarios escalones, usados por siglos hasta, y aun después, que se inventaran los viajes motorizados.
El camino permanece, ya no se usa, pero transporta: hacia otros tiempos.
La oscuridad del abismo y el fulgor de la tarde.
Oyvind, alborozado, a la distancia, desde suelo cajatambino, señala la Punta de Huamáncalle, por la anduvimos el día anterior. 21 Jul/2008.
La pampa y el Huacshash.
Cajatambo, entre espinas y nevados, al atardecer.
La iglesia matriz que rinde tributo a María Magdalena.
Plaza principal.
Aucas. Un Vikingo en la fiesta de los diablos. 22 Jul/2008.