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- <i>Traître!</i>-lo increpa. Es evidente que el capitán herido -ahora el marqués de San Simón está seguro de que es Luis Daoiz- entiende el idioma francés, o intuye,al menos, el sentido del insulto. Porque su rostro, blanco por la pérdida de sangre, enrojece de golpe al oírse llamar traidor. Después, sin pronunciar palabra, incorporándose de improviso con una mueca de dolor y violento esfuerzo sobre la pierna sana, tira un golpe de sable que atraviesa al francés. Cae hacia atrás Lagrange en brazos de sus ayudantes, desmayado y echando sangre por la boca. Y mientras estalla un confuso griterío alrededor, varios granaderos que están detrás acometen al capitán español y lo traspasan por la espalda, a bayonetazos. <b><i>Un día de cólera</i><b> Arturo Pérez-Reverte