En el Coll de Tentes (Gavarnie, Francia) antes de llegar al puerto de Bujauelo,
un aparcamiento acoge nuestro vehiculo
para que podamos empezar esta inolvidable excursión.
Por casi dos kilómetros de carretera, antes transitable
y cortada por desprendimientos hace varios años
nuestros pasos nos llevan con una niebla cada vez más alta
hasta el puerto de Bujaruelo,
donde nos recuerdan que esta zona es patrimonio mundial.
Otro cartel nos dirige hacia el refugio de la brecha
llegando por un camino bastante trillado
hasta el pie del torrente del glaciar del Taillón,
hace varios años lo equiparon con una cadena, facilitando su espectacular subida.
Pasado el torrente podemos contemplar nuestro objetivo
y algo más arriba el gran Vignemale, pero lo que más impresiona,
es la llegada al refugio, con esa pared cortada al fondo
que tras unos minutos de visión sorprendente, atacamos.
El refugio se empequeñece mientras la niebla lo va engullendo
pero aquí arriba la visión es diferente y la mente nos recuerda
parte de la leyenda, donde Rolando abría la brecha con su espada,
huyendo de los Sarracenos, aunque nosotros huimos de la niebla,
pasando sin ella estos dos murallones
que nos muestra la parte alta del valle de Ordesa.
Por la vertiente Española del pico Bazillac
llegamos hasta la falsa brecha
donde el dedo se nos muestra como un gigante,
lo pasamos por la vertiente francesa
comprobando lo que aun nos queda hasta la cumbre,
miramos hacia atrás sobrecogiéndonos con la vista
y tras un duro tramo final ¡¡Cumbre¡¡
una cumbre llena hasta la bandera
con un balcón de primera fila
hacia donde mires,
con un tiempo favorable donde pudimos relajarnos
casi dos horas.
Se acaba el relax,
comenzamos una bajada
disfrutona,
sin prisas
saboreando el espectáculo
desandando lo que antes fue muy duro,
recreándonos con rincones que antes no vimos
comprobando esa hendidura en la pared
que se ensancha
dándonos paso a esa bajada vertiginosa
mostrándonos este bello circo sin niebla
esa brecha legendaria
y un refugio acogedor que despedimos con tristeza.
Las nubes se asoman a despedirnos,
algunas flores nos sonríen
y el agua nos da paso
entre cadenas,
caos de rocas
y pequeños floreros naturales
hasta el final del entretenido paso,
escapando de una niebla que nos persigue
pasamos junto a esta momia helada que aun resiste.
Llegamos al puerto de Bujaruelo con esta imagen de luz y tiniebla
donde la cumbre se nos muestra en despedida
para llegar de nuevo al principio de nuestra aventura.